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Salmos 28

Santa Biblia libre Latinoamericano

Salmos Capítulo 28
1
A ti clamo, Yahvé. Roca mía, no te niegues a escucharme; porque si guardas silencio, seré como los que bajan a la fosa.
2
Escucha la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando levanto mis manos hacia tu santuario.
3
No me arrastres junto con los malvados, con los que hacen el mal, que hablan de paz con su prójimo, pero tienen la maldad en su corazón.
4
Págales conforme a sus obras y a la maldad de sus acciones; dales según la obra de sus manos. Devuélveles lo que se merecen.
5
Ya que no prestan atención a las obras de Yahvé, ni a lo que hacen sus manos, él los derribará y no volverá a levantarlos.
6
Bendito sea Yahvé, porque ha escuchado la voz de mis ruegos.
7
Yahvé es mi fuerza y mi escudo; mi corazón confió en él, y me ha ayudado. Por eso mi corazón se alegra mucho, y le daré gracias con mi canción.
8
Yahvé es la fuerza de su pueblo; es un baluarte de salvación para su ungido.
9
Salva a tu pueblo, y bendice a tu herencia. Sé tú su pastor, y llévalos en tus brazos para siempre.
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