Ellos le dijeron, «También vamos contigo.» Salieron de inmediato y entraron al bote. Esa noche, no pescaron nada.
Ellos le contestaron, «No.»
Entonces la arrojaron, y no fueron capaces de sacarla por la cantidad de peces.
Así que cuando Simón Pedro escuchó que era el Señor, envolvió su saco a su alrededor (pues estaba desnudo), y se lanzó al mar.
Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle «¿Quién eres?» sabiendo que era el Señor.
Él le dijo, «Si, Señor; sabes el afecto que siento por ti.»
Jesús le dijo, «Alimenta mis corderos.»
Él le dijo, «Si, Señor; sabes el afecto que siento por ti.»
Él le dijo, «Cuida mis ovejas.»
Pedro se afligió porque le preguntaba por tercera vez, «¿Me tienes afecto?» Él le dijo, «Señor, tu lo sabes todo. Sabes que te tengo afecto.»
Jesús le dijo, «Alimenta mis ovejas.