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2 Corintios 4

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

2 Corintios Capítulo 4
1
Por lo qual teniendo nosotros ésta administración, según la misericordia, que hemos alcanzado, no desmayamos:
2
Antes desechamos los disimulos vergonzosos, no andando en astucia, ni adulterando la palabra de Dios, mas recomendándonos á nosotros mismos á toda conciencia de hombres delante de Dios en la manifestación de la verdad.
3
Y si nuestro Evangelio aún está encubierto, en aquellos que se pierden está encubierto.
4
En los quales el Dios de éste siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Christo, el qual es la imágen de Dios.
5
Porque no nos predicamos á nosotros mismos, sino á Jesu-Christo Señor nuestro; y que nosotros somos vuestros siervos por Jesús:
6
Porque Dios, que dixo que de las tinieblas resplandeciese la luz, él mismo resplandeció en nuestros corazones, para iluminacion del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesu-Christo.
7
Pero tenemos éste thesoro en vasos de barro, para que la alteza sea de la virtud de Dios, y no de nosotros.
8
S En todo padecemos tribulaciones, mas no nos acongojamos: estamos en apuros, mas no quedamos sin recurso:
9
Padecemos persecucion, mas no somos desamparados: somos abatidos, mas no perecemos.
10
Trayendo siempre la mortificación de Jesús en nuestro cuerpo, para que la vida de Jesús se manifieste también en nuestros cuerpos.
11
Porque nosotros, que vivimos, somos á cada paso entregados á muerte por Jesús; para que la vida de Jesús se manifieste también en puestra carne mortal.
12
De manera que la muerte obra en nosotros, mas la vida en vosotros.
13
Pero teniendo el mismo espíritu de la fé, conforme está escrito: Creí, por lo qual hablé: nosotros también creemos, y por eso hablamos:
14
Estando ciertos, que el que resucitó á Jesús, nos resucitará también á nosotros con Jesús, y nos colocará con vosotros.
15
Pues todo es por vosotros: para que la gracia, que abunda por el hacimiento de gracias de muchos, redunde en gloria de Dios.
16
Por tanto no desmayamos: antes aunque éste nuestro hombre, que está fuera, se debilite; pero el que está dentro, se renueva de día en día.
17
Porque lo que aquí es para nosotros de una tribulación momentánea y ligera, engendra en nosotros de un modo muy maravilloso un peso eterno de gloria,
18
No atendiendo nosotros á las cosas que se ven, sino á las que no se ven. Porque las cosas que se ven, son temporales; mas las que no se ven, son eternas.
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