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Marcos 1

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Marcos Capítulo 1
1
Princípio del Evangelio de Jesu-Christo, Hijo de Dios.
2
Así como está escrito en Isaías el Propheta: He aquí yo envío á mi Angel delante de tu faz, que preparará tu camino delante de tí,
3
Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor: haced derechas sus sendas.
4
Estaba Juan en el desierto bautizando y predicando el bautismo de penitencia para remisión de pecados,
5
Y salia á él toda la tierra de Judéa, y todos los de Jerusalém, y eran bautizados por él en el rio Jordán, confesando sus pecados.
6
Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y traía un ceñidor de piel al rededor de sus lomos, y comía langostas y miel silvestre. Y predicaba diciendo:
7
En pos de mí viene el que es mas fuerte que yo, ante el qual no soy digno de postrarme para desatar la correa de sus zapatos.
8
Yo os he bautizado en agua; mas él os bautizará en Espíritu Santo.
9
Y aconteció, que en aquellos días Jesús vino de Nazareth de Galiléa: y fué bautizado por Juan en el Jordán.
10
Y subiendo luego del agua, vió los cielos abiertos, y al Espíritu, en figura de paloma, que descendía y posaba en él mismo,
11
Y se oyó esta voz de los cielos; Tú eres mi Hijo el amado, en tí me he complacido.
12
Y luego el Espíritu le impelió al desierto.
13
Y estuvo en el desierto quarenta días, y quarenta noches: y le tentó Satanás: y moraba con las fieras, y los Angeles le servían.
14
Mas después que Juan fué preso; vino Jesús á la Galiléa; predicando el Evangelio del reino de Dios,
15
Y diciendo: Pues que el tiempo se ha cumplido, y se ha acercado el reyno de Dios, haced penitencia, y creéd al Evangelio.
16
Y pasando por la ribera del mar de Galiléa, vió á Simón y á Andrés su hermano, que echaban sus redes en la mar, pues eran pescadores.
17
Y Jesús les dixo: Venid en pos de mí, y haré que vosotros seáis pescadores de hombres.
18
Y luego dexadas las redes, le siguieron.
19
Y pasando un poco mas adelante, vió á Santiago hijo de Zebedéo, y á Juan su hermano, que estaban también en un barco componiendo las rédes:
20
Y luego los llamó. Y ellos, dexando en el barco á Zebedéo su padre con los jornaleros, le siguieron.
21
Y entráron en Capharnaum: y luego en los Sábados como entrase en la synagoga, los enseñaba.
22
Y se pasmaban de su doctrina, porque los instruía, como quien tenia potestad, y no como los Escribas.
23
Y habia en la synagoga de ellos un hombre poseído de un espíritu inmundo, que comenzó á gritar,
24
Diciendo: ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido á destruirnos? Sé quien eres, el Santo de Dios.
25
Y le amenazó Jesús, diciendo: Enmudece, y sal del hombre.
26
Y maltratándolo réciamente el espíritu inmundo, y dando grandes alaridos, salió de él,
27
Y se maravilláron todos, de tal manera que se preguntaban los unos á los otros, diciendo: ¿Qué es ésto? ¿Qué nueva doctrina es esta? Pues manda con imperio aún á los mismos espíritus inmundos, y le obedecen.
28
Y corrió luego su fama por toda la tierra de la Galiléa.
29
Y saliendo luego de la synagoga, fuéron á casa de Simón, y de Andrés, con Santiago, y con Juan.
30
Y la suegra de Simón estaba en cama con fiebre: y le hablaron luego de ella.
31
Y acercándose, la tomó por la mano, y la levantó: y al momento la dexó la fiebre, y les servia.
32
Y por la tarde puesto ya el Sol, le traían todos los que estaban enfermos, y los endemoniados:
33
Y toda la ciudad se había juntado á la puerta.
34
Y sanó á muchos, que eran afligidos de diversas enfermedades, y lanzaba muchos demonios, y no les permitia decir, que sabian quien era.
35
Y levantándose muy de mañana salió, y fué á un lugar desierto, y hacía allí oración.
36
Y fué en pos de él Simón, y los que con él estaban.
37
Y quando le halláron, le dixéron: Todos te andan buscando.
38
Y les dice: Vamos á las aldeas, y ciudades mas cercanas, para predicar también allí: porque para ésto he venido.
39
Y predicaba en las synagogas de ellos, y por toda la Galiléa, y lanzaba los demonios.
40
Y vino á él un leproso, rogándole: é hincándose de rodillas, le dixo: Si quiéres, puedes limpiarme.
41
Y Jesús compadecido de él, extendió su mano; y tocándole, le dixo: Quiero: Sé limpio.
42
Y dicho esto, en el momento desapareció de él la lepra, y fué limpio.
43
Y Jesús amenazó, y luego le despidió.
44
Y le dice: Cuidado que no lo digas á nadie; mas vé, presentate al Príncipe de los sacerdotes, y ofrece por tu limpieza, lo que mandó Moysés en testimonio á ellos.
45
Mas él, luego que salió, comenzó á publicar, y divulgar lo acaecido, de manera que Jesús ya no podía entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en lugares desiertos, y acudían á él de todas partes.
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