Lendo agora

Mateus 8

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Mateus Mateo Capítulo 8
1
Y como descendió del monte, le siguieron muchas gentes:
2
Y vino un leproso, y le adoraba, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
3
Y extendiendo Jesús la mano, le tocó, diciendo: Quiero. Sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.
4
Y le dixo Jesús: Mira, que no lo digas á nadie: mas vé, muéstrate al Sacerdote, y ofrece la ofrenda, que mandó Moyses, en testimonio á ellos.
5
Y habiendo entrado en Capharnaum, se llegó á él un Centurión, rogándole,
6
Y diciendo: Señor, mi siervo paralytico está postrado en casa, y es reciamente atormentado.
7
Y le dixo Jesús: Yo iré, y lo sanaré.
8
Y respondiendo el Centurión, dixo: Señor, no soy digno de que entres en mi casa: mas mándalo con tu palabra, y será sano mi siervo.
9
Pues también yo soy hombre sugeto á otro, que tengo soldados á mis órdenes, y digo á éste: Vé, y vá; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.
10
Quando esto oyó Jesús, se maravilló, y dixo á los que le seguían: Verdaderamente os digo, que no he hallado fé tan grande en Israél.
11
Y os digo, que vendrán muchos de Oriente, y de Occidente, y se asentarán con Abraham, y Isaac, y Jacob en el reyno de los cielos:
12
Mas los hijos del reyno serán echados en las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el cruxir de dientes.
13
Y dixo Jesús al Centurión: Vé; y como creíste, así te sea hecho. Y fué sano el siervo en aquella hora.
14
Y habiendo llegado Jesús á la casa de Pedro, vió á su suegra que yacía en cama, y con fiebre:
15
Y le tocó la mano, y la dexó la fiebre; y se levantó y los servia.
16
Y siendo ya tarde, le presentáron muchos endemoniados: y lanzaba con su palabra los espíritus: y sanó todos los enfermos:
17
Para que se cumpliera lo que fué dicho por el Propheta Isaías, que dixo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y cargó con nuestras dolencias.
18
Mas como viese Jesús muchas gentes al rededor de sí, mandó pasar á la otra parte del lago.
19
Y llegándose á él un Escriba, le dixo: Maestro, te seguiré á donde quiera que fueres.
20
Y Jesús le dice: las raposas tienen cuevas, y las aves del cielo nidos: mas el Hijo del hombre no tiene en donde recueste la cabeza.
21
Y otro de sus discípulos le dixo: Señor, déxame ir primero, y enterrar á mi padre.
22
Mas Jesús le dice: Sígueme, y dexa que los muertos entierren á sus muertos.
23
Y entrando él en un barco, le siguiéron sus discípulos:
24
Y sobrevino luego un grande alboroto en la mar, de modo que las ondas cubrían el barco; mas él dormia.
25
Y se llegáron á él sus discípulos, y le despertáron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos.
26
Y Jesús les dice: ¿Qué teméis, hombres de poca fé? Y levantándose al punto mandó á los vientos y á la mar, y se siguió una grande bonanza.
27
Y los hombres se maravilláron, y decían: ¿Quién es éste, que los vientos y la mar le obedecen?
28
Y quando Jesús hubo pasado de la otra parte del lago á tierra de los Gerasénos, le vinieron al encuentro dos endemoniados, que salían de los sepulchros, fieros en tal manera, que ninguno podía pasar por aquel camino.
29
Y empezáron luego á decir á gritos: ¿Qué tenemos nosotros contigo: Jesús Hijo de Dios? ¿Has venido acá á atormentarnos antes de tiempo?
30
Y no léjos de ellos andaba una piara de muchos puercos paciendo.
31
Y los demonios le rogaban diciendo: Si nos echas de aquí, envíanos á la piara de puercos.
32
Y les dixo: Id. Y ellos saliéron, y se fuéron á los puercos, y en el mismo punto toda la piara corrió impetuosamente, y por un despeñadero se precipitó en la mar; y murieron en las aguas.
33
Y los pastores huyéron: y venidos á la ciudad, lo contáron todo, y el suceso de los endemoniados.
34
Y salió luego toda la ciudad á encontrar á Jesús; y quando le vieron, le rogaban, que saliese de sus términos.
Compartilhar esta referência