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Apocalipsis 8

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Apocalipsis Capítulo 8
1
Y quando él abrió el séptimo sello, fué hecho silencio en el Cielo casi por media hora.
2
Y ví siete Angeles que estaban en pie delante de Dios, y les fuéron dadas siete trompetas.
3
Y vino otro Angel, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro: y le fuéron dados muchos perfumes, para que pusiese de las oraciones de todos los Santos sobre el Altar de oro, que estaba ante el throno de Dios.
4
Y subió el humo de los perfumes de las oraciones de los Santos de mano del Angel delante de Dios.
5
Y el Angel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del Altar, y lo echó en la tierra, y fuéron hechos truenos, y voces, y relámpagos, y terremoto grande.
6
Y los siete Angeles que tenían las siete trompetas, se aprestáron para tocarlas.
7
Y el primer Angel tocó la trompeta, y fué hecho granizo, y fuego, mezclado con sangre lo que cayó sobre la tierra, y fue abrasada la tercera parte de la tierra, y fué abrasada la tercera parte de los árboles, y quemada toda la yerba verde.
8
Y el segundo Angel tocó la trompeta: y fué echado en la mar como un grande monte ardiendo en fuego, y se tornó en sangre la tercera parte de la mar:
9
Y murió la tercera parte de las criaturas, que había animadas en la mar: y la tercera parte de los navíos pereció.
10
Y el tercer Angel tocó la trompeta y cayó del Cielo una grande estrella, ardiendo como una hacha, y cayó en la tercera parte de los ríos, y en las fuentes de las aguas:
11
Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo: y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo: y muriéron muchos hombres por las aguas, porque se tornáron amargas.
12
Y el quarto Angel tocó la trompeta: y fué herida la tercera parte del Sol, y la tercera parte de la Luna, y la tercera parte de las estrellas, de manera que se obscureció la tercera parte de ellos, y no resplandecía la tercera parte del día, y lo mismo de la noche.
13
Y ví, y oí la voz de un águila, que volaba por medio del Cielo, que decía en alta voz: Ay, ay, ay de los moradores de la tierra, por las otras voces de los tres Angeles, que habían de tocar la trompeta.
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