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Mateo 15

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Mateo Capítulo 15
1
Entonces se llegáron á él unos Escribas y Phariséos de Jerusalém, diciendo:
2
¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos, quando comen pan.
3
Y él respondiendo les dixo: ¿Y vosotros por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? pues Dios dixo:
4
Honra al padre y á la madre. Y: Quien maldixere al padre ó á la madre, muera de muerte.
5
Mas vosotros decis: Qualquiera que dixere al padre ó á la madre: todo don que yo ofreciere, á tí aprovechará:
6
Y no honrará á su padre ó á su madre: y habéis hecho vano el mandamiento de Dios por vuestra tradición.
7
Hypócritas, bien prophetizó de vosotros Isaías, diciendo:
8
Este pueblo con los labios me honra: mas el corazón de ellos léxos está de mí.
9
Y en vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres.
10
Y habiendo convocado á sí á las gentes, les dixo: Oid y entended.
11
No ensúcia al hombre lo que entra en la boca: mas lo que sale de la boca, eso ensúcia al hombre.
12
Entonces llegándose sus discípulos, le dixéron: ¿Sabes, que los Phariséos se han escandalizado, quando han oido ésta palabra?
13
Mas él respondiendo dixo: Toda planta, que no plantó mi Padre celestial, arrancada será de raíz.
14
Dexadlos: ciegos son, y guias de ciegos. Y si un ciego guía á otro ciego, entrambos caen en el hoyo.
15
Y respondiendo Pedro, le dixo: Explícanos esa parábola.
16
Y dixo Jesús: ¿Aún también vosotros sois sin entendimiento?
17
¿No comprehéndeis, que toda cosa que entra en la boca, va al vientre, y es echada en un lugar secreto?
18
Mas lo que sale de la boca, del corazón sale, y ésto ensúcia al hombre:
19
Porque del corazón salen los pensamientos malos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasphémias.
20
Estas cosas son las que ensúcian al hombre. Mas el comer con las manos sin lavar, no ensúcia al hombre.
21
Y saliendo Jesús de allí, se fué á las partes de Tyro y de Sydón.
22
Y he aquí una muger Chânanéa, que había salido de aquellos términos, y clamaba diciéndole: Señor, hijo de David, ten piedad de mí: mi hija es malamente atormentada del demonio.
23
Y él no le respondió palabra: Y llegándose sus discípulos, le rogaban y decían: Despáchala, porque viene gritando en pos de nosotros.
24
Y él respondiendo, dixo: No soy enviado sino á las ovejas, que pereciéron de la casa de Israél.
25
Mas ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, valedme.
26
El respondió, y dixo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perros.
27
Y ella dixo: Así es, Señor: mas los perrillos comen de las migajas, que caen de la mesa de sus señores.
28
Entónces respondió Jesús, y le dixo: O muger! grande es tu fé: hágase contigo como quieres. Y desde aquella hora fué sana su hija.
29
Y habiendo salido Jesús de allí, vino junto al mar de Galiléa: y subiendo á un monte, se sentó allí.
30
Y se llegáron á él muchas gentes, que traían consigo mudos, ciegos, coxos, mancos, y otros muchos y los echáron á sus pies, y los sanó:
31
De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, andar los coxos, ver los ciegos; y loában en gran manera al Dios de Israél.
32
Mas Jesús, llamando á sus discípulos, dixo: Tengo compasión de éstas gentes: porque ha ya tres días que perseveran conmigo, y no tienen qué comer: y no quiero despedirlas en ayunas, porque no desfallezcan en el camino.
33
Y le dixéron los discípulos: ¿Cómo podremos hallar en éste desierto tantos panes, que hartemos tan grande multitud de gente?
34
Y Jesús les dixo: ¿Quántos panes tenéis? Y ellos dixéron: Siete, y unos pocos pececillos.
35
Y mandó á la gente recostarse sobre la tierra.
36
Y tomando los siete panes, y los peces, y dando gracias, los partió, y dió á sus discípulos, y los discípulos los diéron al pueblo.
37
Y comiéron todos, y se hartáron. Y de los pedazos que sobráron, alzáron siete espuertas llenas.
38
Y los que comiéron, fuéron quatro mil hombres, sin los niños y mugeres.
39
Y despedida la gente, entró en un barco: y pasó á los términos de Magedán.
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