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Mateo 5

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Mateo Capítulo 5
1
Y viendo Jesús las gentes, subió á un monte, y después de haberse sentado, se llegaron á él sus discípulos,
2
Y abriendo su boca, los enseñaba, diciendo:
3
Bienaventurados los pobres de espíritu; porque de ellos es el reyno de los cielos.
4
Bienaventurados los mansos; porque ellos poseerán la tierra.
5
Bienaventurados los que lloran; porque ellos serán consolados.
6
Bienaventurados los que han hambre, y sed de justicia; porque ellos serán hartos.
7
Bienaventurados los misericordiosos; porque ellos alcanzarán misericordia.
8
Bienaventurados los de limpio corazón; porque ellos verán á Dios.
9
Bienaventurados los pacíficos; porque hijos de Dios serán llamados.
10
Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia; porque de ellos es el reyno de los cielos.
11
Bienaventurados sois, cuando os maldixeren, y os persiguieren, y dixeren todo mal contra vosotros mintiendo, por mi causa:
12
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón muy grande es en los cielos. Pues así también persiguiéron á los Prophetas, que fuéron antes de vosotros.
13
Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? no vale ya para nada, sino para ser echada fuera, y pisada por los hombres.
14
Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad, que está puesta sobre un monte, no se puede esconder.
15
Ni encienden una antorcha, y la ponen debajo del celemin, sino sobre el candelero, para que alumbre á todos los que están en la casa.
16
A éste modo ha de brillar vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y den gloria á vuestro Padre, que está en los cielos.
17
No penseis, que he venido á abrogar la Ley, ó los Prophetas: no he venido á abrogarlos, sino á darles cumplimiento.
18
Porque en verdad os digo, que hasta que páse el cielo y la tierra, no pasará de la Ley ni un punto, ni un tilde, sin que todo sea cumplido.
19
Por lo cual quien quebrántare uno de estos mandamientos muy pequeños, y enseñáre así á los hombres, muy pequeño será llamado en el reyno de los cielos: mas quien hiciere y enseñáre este será llamado grande en el reyno de los cielos.
20
Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los Escribas y de los Phariséos, no entraréis en el reyno de los cielos.
21
Oísteis que fué dicho á los antiguos: No matarás, y quien matáre, obligado quedará á juicio.
22
Mas yo os digo, que todo aquel que se enoja con su hermano, obligado será á juicio; y quien dixere á su hermano: Raca, obligado será á concilio; y quien dixere: Insensato, quedará obligado á la gehenna del fuego.
23
Por tanto, si fueres á ofrecer tu ofrenda al altar, y allí te acordáres que tu hermano tiene alguna cosa contra tí,
24
Dexa allí tu ofrenda delante del altar, y ve primeramente à reconciliarte con tu hermano; y entonces ven a ofrecer tu ofrenda.
25
Acomódate luego con tu contrario, mientras que estás con él en el camino: no sea que tu contrario te entregue al juez, y el juez te entregue al ministro; y seas echado en la cárcel.
26
En verdad te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último quadrante.
27
Oísteis que fué dicho á los antiguos: No adulterarás.
28
Pues yo os digo, que todo aquel, que pusiere los ojos en una muger para codiciarla, ya cometió adulterio en su corazón con ella.
29
Y si tu ojo derecho te sirve de escándalo, sácale y échale de tí; porque te conviene perder uno de tus miembros, antes que todo tu cuerpo sea arrojado al fuego del infierno.
30
Y si tu mano derecha te sirve de escándalo, córtala y échala de tí; porque te conviene perder uno de tus miembros antes que todo tu cuerpo vaya al fuego del infierno.
31
Tambien fué dicho: Qualquiera que repudiare á su muger, déle carta de repudio.
32
Mas yo os digo, que el que repudiare á su muger, a no ser por causa de fornicación, la hace ser adúltera, y el que tomáre la repudiada comete adulterio:
33
Además oísteis que fué dicho á los antiguos: No perjurarás, mas cumplirás al Señor tus juramentos.
34
Pero yo os digo, que de ningún modo juréis, ni por el cielo, porque es el trono de Dios:
35
Ni por la tierra, porque es la peana de sus pies ni por Jerusalém, porque es la ciudad del grande Rey:
36
Ni jures por tu cabeza, porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.
37
Mas vuestro hablar sea, sí, sí: no, no; porque lo que excede de esto, de mal procede.
38
Habeis oido que fué dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.
39
Mas yo os digo, que no resistais al mal: antes si alguno te hiriere en la mexilla derecha, párale también la otra.
40
Y á aquel que quiere ponerte á pleyto, y tomarte la túnica, déxale también la capa.
41
Y al que te precisáre á ir cargado mil pasos, ve con él otros dos mil mas.
42
Da al que te pidiere: y al que te quiera pedir prestado, no le vuelvas la espalda.
43
Habeis oido que fué dicho: Amarás á tu próximo, y aborrecerás á tu enemigo.
44
Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos; haced bien á los que os aborrecen: y rogad por los que os persiguen y calumnian.
45
Para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos: el qual hace nacer su sol sobre buenos y malos; y llueve sobre justos y pecadores.
46
Porque si amáis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los Publicanos?
47
Y si saludáreis tan solamente á vuestros hermanos, ¿que hacéis de mas? No hacen esto mismo los Gentiles?
48
Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto.
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