Leyendo ahora

Mateo 6

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Mateo Capítulo 6
1
Mirad, que no hagais vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos: de otra manera, no tendréis galardon de vuestro Padre, que está en los cielos.
2
Y así quando haces limosna, no hagas tocar la trompeta delante de ti, como los hypócritas hacen en las Synagogas, y en las calles, para ser honrados de los hombres: En verdad os digo, recibiéron su galardón.
3
Mas tú, quando haces limosna, no sepa tu izquierda, lo que hace tu derecha.
4
Para que tu limosna sea en oculto, y tu Padre, que ve en lo oculto, te premiará.
5
Y quando orais, no seréis como los hypócritas, que aman el orar en pie en las Synagogas, y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo, recibiéron su galardón.
6
Mas tú quando orares, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora á tu Padre en secreto: y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará.
7
Y quando oráreis, no hableis mucho, como los Gentiles. Pues piensan, que por mucho hablar serán oídos.
8
Pues no querais asemejaros á ellos, porque vuestro Padre sabe lo que habéis menestér, antes que se lo pidáis.
9
Vosotros pues así habéis de orar: Padre nuestro, que estás en los cielos: santificado sea el tu nombre.
10
Venga el tu reyno: hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11
Danos hoy nuestro pan sobresubstancial.
12
Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos á nuestros deudores.
13
Y no nos dexes caer en la tentación. Mas libranos de mal. Amén.
14
Porque si perdonáreis á los hombres sus pecados, os perdonará también vuestro Padre celestial vuestros pecados.
15
Mas si no perdonáreis á los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados.
16
Y quando ayuneis, no os pongáis tristes como los hypócritas. Porque desfiguran sus rostros, para hacer ver á los hombres que ayunan. En verdad os digo, que recibieron su galardón.
17
Mas tú, quando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu cara
18
Para no parecer á los hombres que ayunas, sino solamente á tu Padre, que está en lo escondido: y tu Padre, que vé en lo escondido, te galardonará.
19
No querais athesorar para vosotros thesoros en la tierra; donde orín y polilla los consume; y en donde ladrones los desentierran, y roban.
20
Mas athesorad para vosotros thesoros en el cielo, en donde ni los consume orín ni polilla; y en donde ladrones no los desentierran, ni roban.
21
Porque en donde está tu thesoro, allí está también tu corazón.
22
La antorcha de tu cuerpo es tu ojo. Si tu ojo fuere sencillo: todo tu cuerpo será luminoso.
23
Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Pues si la lumbre, que hay en tí, son tinieblas, ¿quán grandes serán las mismas tinieblas?
24
Ninguno puede servir á dos señores, porque ó aborrecerá al uno, y amará al otro: ó al uno sufrirá, y al otro despreciará. No podeis servir á Dios, y á las riquezas.
25
Por tanto es digo, no andeis afanados para vuestra alma, qué comeréis; ni para vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es mas el alma, qué la comida: y el cuerpo mas qué el vestido?
26
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en troxes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no sois vosotros mucho mas que ellas?
27
¿Y quien de vosotros discurriendo puede añadir un codo á su estatura?
28
¿Y porqué andais acongojados por el vestido? Considerad como crecen los lirios del campo: no trabajan; ni hilan.
29
Mas digoos, que ni Salomón en toda su gloria fué cubierto como uno de éstos.
30
Pues si al heno del campo, que hoy es, y mañana es echado en el horno, Dios viste así: ¿quanto mas á vosotros, hombres de poca fe?
31
No os acongojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, ó qué beberemos, ó con qué nos cubriremos?
32
Porque los Gentiles se afanan por éstas cosas: y vuestro Padre sabe, que tenéis necesidad de todas ellas.
33
Buscad pues primeramente el reyno de Dios, y su justicia: y todas éstas cosas os serán añadidas.
34
Y así no andeis cuidadosos por el día de mañana. Porque el día de mañana á si mismo se traherá su cuidado. Le basta al día su propio afan.
Compartir esta referencia