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Lucas 9

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Lucas Capítulo 9
1
Y llamando á los doce Apóstoles, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.
2
Y los envió á predicar el reyno de Dios, y á sanar los enfermos,
3
Y les dixo: No lleveis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos túnicas.
4
Y en qualquiera casa en que entrareis, allí permaneced, y no salgáis de allí.
5
Y todos los que no os recibieren: al salir de aquella ciudad, sacudid aún el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.
6
Y habiendo salido, iban de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio, y sanando por todas partes.
7
Y llegó á noticia de Herodes el Tetrarcha todo lo que hacía Jesús, y quedó como suspenso, porque decían
8
Algunos: Que Juan ha resucitado de entre los muertos: y otros. Que Elías había aparecido: y otros: Que un Propheta de los antiguos había resucitado.
9
Y dixo Herodes: Yo degollé á Juan: ¿Quien pues es éste, de quien oygo tales cosas? y procuraba verlo.
10
Y vueltos los Apóstoles, le contáron quanto habían hecho: y tomándolos consigo aparte, se fué á un lugar desierto, que es del territorio de Bethsaida.
11
Y quando las gentes lo supiéron, le siguieron: y Jesús los recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que lo habían menester.
12
Y el día había comenzado ya á declinar: Quando llegándose a él los doce, le dixéron: Despide á éstas gentes, para que vayan a las aldeas, y granjas de la comarca, se alverguen, y hallen que comer: porque aquí estamos en un lugar desierto.
13
Y les dixo: Dadles vosotros de comer. Y dixéron ellos: No tenemos mas de cinco panes y dos peces: á no ser que vamos nosotros á comprar viandas para toda esta gente.
14
Porque eran como unos cinco mil hombres. Y él dixo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos de cincuenta en cincuenta.
15
Y así lo executáron. Y los hicieron sentar á todos.
16
Y tomando los cinco panes, y los dos peces, alzó los ojos al Cielo, los bendixo, y partió: y dió á sus discípulos, para que los pusiesen delante de las gentes.
17
Y comieron todos y se saciáron. Y alzáron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.
18
Y aconteció, que estando solo orando, se hallaban con él sus discípulos y les preguntó, y dixo: ¿Quien dicen las gentes, que soy yo?
19
Y ellos respondieron, y dixéron: Juan el Bautista, y otros Elías, y otros, que resucitó alguno de los antiguos Prophetas.
20
Y les dixo: ¿Y vosotros quién decis, que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dixo: El Christo de Dios.
21
El entónces les amenazó, y mandó, que no lo dixesen á nadie,
22
Diciéndoles: Es necesario, que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y que sea desechado de los Ancianos, y de los Príncipes de los sacerdotes, y de los Escribas: y que sea entregado á la muerte, y que resucite al tercero día.
23
Y decía á todos: Quien en pos de mi quiere venir, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día y sígame.
24
Porque el que quisiere salvar su alma, la perderá: y quien perdiere su alma por amor de mí, la salvará.
25
¿Porque qué aprovecha á un hombre, si grangeáre todo el mundo, y se pierde él á sí mismo, y se daña á sí mismo?
26
Porque el que se afrentáre de mí, y de mis palabras, se afrentará de él el Hijo del hombre, quando viniere con su magestad, y con la del Padre, y de los santos Angeles.
27
Mas dígoos en verdad: Que algunos hay aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reyno de Dios.
28
Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó consigo á Pedro, y á Santiago, y á Juan, y subió á un monte á orar.
29
Y entretanto que hacia oración, la figura de su rostro se hizo otra: y sus vestidos se tornáron blancos, y resplandecientes.
30
Y he aquí que hablaban con él dos varones. Y estos eran Moysés, y Elías,
31
Que apareciéron en magestad: y hablaban de su salida, que había de cumplir en Jerusalém.
32
Mas Pedro, y los que con él estaban, se hallaban cargados de sueño: y dispertando viéron la gloria de Jesús, y á los dos varones, que con él estaban.
33
Y quando se apartáron de él, dixo Pedro á Jesús: Maestro, bueno es que nos estemos aquí: y hagamos tres tiendas, una para tí, y otra para Moysés, y otra para Elías: no sabiendo, lo que se decia.
34
Y quando él estaba diciendo esto, vino una nube, y los cubrió y tuviéron miedo, entrando ellos en la nube.
35
Y vino una voz de la nube, diciendo: Este es mi Hijo el amado, á él oid.
36
Y al salir esta voz, halláron solo á Jesús, y ellos callaron, y á nadie dixéron en aquellos días cosa alguna, de las que habían visto.
37
Y otro día baxando ellos del monte, les vino al encuentro una grande tropa de gente.
38
Y he aquí un hombre de la turba clamó, diciendo: Maestro, te ruego, que atiendas á mi hijo, porque yo no tengo otro:
39
Y he aquí que un espíritu le toma, y súbitamente da voces: y le tira por tierra, y le quebranta haciéndole echar espuma, y apénas se aparta de él, despedazándole:
40
Y rogué á tus discípulos, que le echasen fuera, y no pudieron.
41
Y respondiendo Jesús, dixo: ¡O generación infiel y perversa! ¿hasta quándo estaré con vosotros, y os sufriré? Trahe acá tu hijo.
42
Y quando se acercaba, le tiró el demonio en tierra, y le maltrató.
43
Mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se le volvió á su padre.
44
Y se pasmaban todos del gran poder de Dios y maravillándose todos de todas las cosas que hacia, dixo á sus discípulos: Poned en vuestros corazones estas palabras: El Hijo del hombre ha de ser entregado en manos de hombres.
45
Mas ellos no entendían esta palabra, y les era tan obscura, que no la comprehendian: y temían de preguntarle acerca de ella.
46
Y les vino también el pensamiento, quién de ellos seria el mayor.
47
Mas Jesús, viendo lo que pensaban en su corazón, tomó un niño, y lo puso junto á sí,
48
Y les dixo: El que recibiere á este niño en mi nombre, á mí recibe: y qualquiera que á mí recibiere, recibe á aquel, que me envió: Porque el que es menor entre todos vosotros, este es el mayor.
49
Entonces Juan, tomando la palabra, dixo: Maestro, hemos visto á uno, que lanzaba los demonios en tu nombre, y se lo vedamos porque no te sigue con nosotros.
50
Y Jesús le dixo: No se lo vedeis porque el que no es contra vosotros, por vosotros es.
51
Y como se acercase el tiempo de su Asunción, hizo firme semblante de ir á Jerusalém.
52
Y envió delante de sí mensageros: ellos fuéron, y entráron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle posada.
53
Y no le recibiéron, por quanto hacía semblante de ír á Jeṛusalém.
54
Y quando lo viéron Santiago, y Juan sus discípulos, dixéron: Señor: ¿quieres que digamos, que descienda fuego del Cielo, y los acabe?
55
Mas él, volviéndose hácia ellos, los riñó, diciendo: No sabéis, de qué espíritu sois.
56
El Hijo del hombre no ha venido á perder las almas, sino á salvarlas. Y se fuéron á otra aldea.
57
Y aconteció, que yendo ellos por el camino, dixo uno á Jesús: Yo te seguiré á donde quiera que fueres.
58
Jesús le dixo: Las raposas tienen cuevas, y las aves del Cielo nidos: mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.
59
Y á otro dixo: Sígueme. Y él respondió: Señor, déxame ir antes á enterrar á mi padre.
60
Y Jesús le dixo: Dexa que los muertos entierren á sus muertos: mas tú vé, y anuncia el reyno de Dios.
61
Y otro le dixo: Te seguiré, Señor; mas primeramente déxame ir á dar disposición de lo que tengo en mi casa.
62
Jesús le dixo: Ninguno, que pone su mano en el arado, y mira atrás, es apto para el reyno de Dios.
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