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Atos 26

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Atos Hechos Capítulo 26
1
Dixo Agrippa á Pablo: Te se permite hablar por tí mismo. Entonces Pablo, extendiendo la mano, comenzó á dar razón de sí.
2
Debiendo yo hacer hoy mi defensa en tu presencia, ó Rey Agrippa, de todo quanto me acusan los Judíos, me tengo por dichoso.
3
Mayormente que tú sabes todas las cosas, y las costumbres, y qüestiones que hay entre los Judíos: por lo qual yo te suplico, que me oígas con paciencia.
4
Y en verdad la vida, que hice en Jerusalém entre los de mi nación desde el principio de mi juventud, la saben todos los Judíos,
5
Los quales me conocen desde mis principios (si quieren dar de ello testimonio) porque yo según la secta mas segura de nuestra religion viví Phariséo.
6
Y ahora soy acusado en juicio por esperar la promesa, que fué hecha por Dios á nuestros padres:
7
La qual nuestras doce tribus, sirviendo á Dios de noche y de día, esperan ver cumplida. Por ésta esperanza, ó Rey, soy acusado de los Judíos.
8
¿Pues qué se tiene por cosa increíble entre vosotros, que Dios resucite los muertos?
9
Y yo en verdad había pensado, que debía hacer la mayor resistencia contra el nombre de Jesús Nazareno.
10
Y así lo hice en Jerusalém, y yo encerré en cárceles á muchos Santos, habiendo recibido poder de los Príncipes de los sacerdotes: y quando los hacian morir, consentí también en ello.
11
Y muchas veces castigándolos por todas las Synagogas, los forzaba á blasphemar. Y enfureciéndome mas y mas contra ellos, los perseguia hasta en las ciudades extrañas.
12
En las quales cosas, yendo á Damasco con poder y comisión de los Príncipes de los sacerdotes,
13
Al medio día ví, ó Rey, en el camino una lumbre del cielo, que sobrepujaba el resplandor del Sol, que me rodeó á mí, y á los que iban conmigo.
14
Y habiendo caido todos nosotros en tierra, oí una voz que me decía en lengua Hebréa, Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es cocear contra el aguijón.
15
Y yo dixe ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dixo: Yo soy Jesús, á quien tú persigues.
16
Mas levántate, y está sobre tus pies: porque por esto te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo de las cosas, que has visto, y de las que yo te mostraré en mis apariciones.
17
Librándote del Pueblo y de los Gentiles, á los quales yo te envío ahora,
18
Para que les abras los ojos, y se conviertan de las tinieblas á la luz, y del poder de Satanás á Dios, y para que reciban perdon de sus pecados, y suerte entre los Santos por la fé, que es en mí.
19
Por lo qual, ó Rey Agrippa, no fuí desobediente á la visión celestial.
20
Sino que prediqué primeramente á los de Damasco, y después en Jerusalém, y por toda la tierra de Judéa, y á los Gentiles, que hiciesen penitencia, y se convirtiesen á Dios, haciendo obras dignas de penitencia.
21
Por ésta causa, estando yo en el templo, me prendiéron los Judíos, y me quisiéron matar.
22
Mas asistido del socorro de Dios, permanezco hasta el día de hoy, dando testimonio de ello á chicos y á grandes, no diciendo otras cosas fuera de aquellas, que dixéron los Prophetas y Moysés, que habían de acontecer,
23
Que el Christo había de padecer, que había de ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar la luz al pueblo y á las gentes.
24
Diciendo él éstas cosas en su defensa, dixo Festo en alta voz: Estás loco, Pablo: las muchas letras te sacan fuera de sentido.
25
Y Pablo: No estoy yo loco, dixo, Óptimo Festo; mas digo palabras de verdad y de cordura.
26
Porque de éstas cosas tiene conocimiento el Rey, en cuya presencia hablo con toda libertad: pues creo que nada de ello se le encubre. Porque no han sido hechas éstas cosas en algún rincón.
27
¿Crees, ó Rey Agrippa, á los Prophetas? Yo sé, que sí crees.
28
Entónces Agrippa dixo á Pablo: Por poco me persuades á hacerme Christiano.
29
Y Pablo: Pluguiese á Dios que por poco y por mucho, no tan solamente tú, sino también todos quantos me oyen, fuéseis hechos hoy tales, qual yo soy, salvo éstas prisiones.
30
Y se levantó el Rey, y el Gobernador, y Berenice, y los que estaban sentados junto á ellos.
31
Y retirándose de allí, hablaban los unos con los otros, diciendo: Este hombre no ha hecho cosa por la qual deba morir, ni estar preso.
32
Y Agrippa dixo á Festo: Podía este hombre darse por libre, si no hubiera apelado al César.
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