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Atos 4

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Atos Hechos Capítulo 4
1
Y estando ellos hablando al pueblo, sobreviniéron los sacerdotes, y el Magistrado del templo, y los Saducéos,
2
Pesándoles de que enseñasen al pueblo, y de que predicasen en Jesús la resurrección de los muertos:
3
Y les echáron mano, y los metiéron en la cárcel hasta el otro día: porque era ya tarde.
4
Mas muchos de los que habían oído la predicación, creyeron, y fué el número de los varones cinco mil.
5
Y acaeció, que al día siguiente se juntaron en Jerusalém los Príncipes de ellos, y los Ancianos, y los Escribas;
6
Y Anás el Príncipe de los sacerdotes, y Caiphás, y Juan, y Alexandro, y todos quantos eran del linage sacerdotal.
7
Y haciéndolos presentar en medio, les preguntáron: ¿Con qué poder, ó en nombre de quién habéis hecho vosotros esto?
8
Entónces Pedro lleno de Espíritu Santo, les dixo: Príncipes del pueblo, y vosotros Ancianos, escuchad:
9
Puesto que hoy se nos pide razón del beneficio hecho á un hombre enfermo por virtud de quien éste ha sido sanado;
10
Sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israél, que en el nombre de nuestro Señor Jesu-Christo Nazareno, á quien vosotros crucificásteis, y á quien Dios resucitó de entre los muertos: por virtud de él está sano éste delante de vosotros.
11
Esta es la piedra, que ha sido reprobada, de vosotros los arquitectos, que ha sido puesta por cabeza del ángulo:
12
Y no hay salud en ningún otro. Porque no hay otro nombre debaxo del Cielo, dado á los hombres, en que nos sea necesario ser salvos.
13
Ellos viendo la firmeza de Pedro, y de Juan, entendiendo que eran hombres sin letras, é idiotas, se maravillaban, y los conocían que habian estado con Jesús:
14
Y viendo estar también con ellos el hombre que había sido sanado, no podían decir nada en contra.
15
Mas les mandáron salir fuera de la junta, y conferían entre sí,
16
Diciendo: ¿Qué haremos á estos hombres? porque han hecho un milagro notorio á quantos moran en Jerusalém: patente es, y no lo podemos negar.
17
Todavía para que no se divulgue mas en el pueblo, amenazémosles que en adelante no hablen mas á hombre alguno en este nombre.
18
Y llamándolos, les intimáron que nunca mas hablasen, ni enseñasen en el nombre de Jesús.
19
Entónces Pedro y Juan respondiendo, les dixéron: Si es justo delante de Dios oíros á vosotros antes que á Dios, juzgadlo vosotros.
20
Pues no podemos dexar de hablar las cosas que habemos visto y oído.
21
Ellos entónces amenazándoles, los dexáron ir libres, no hallando achaque para castigarlos por miedo del pueblo, porque todos ensalzaban éste glorioso hecho en lo que había acontecido.
22
Por quanto tenia ya mas de quarenta años el hombre, en quien había sido hecho aquel prodigio de sanidad.
23
Puestos ellos en libertad, viniéron á los suyos; y les contáron quanto les habían dicho los Príncipes de los sacerdotes, y los Ancianos.
24
Y quando lo oyéron, todos unánimes levantáron la voz á Dios, y dixéron: Señor tú eres el que hiciste el Cielo y la tierra, el mar, y todo lo que hay en ellos:
25
Que en Espíritu Santo por boca de nuestro padre David tu siervo, dixiste: ¿Por qué bramáron las gentes, y los pueblos pensáron cosas vanas?
26
Se levantaron los Reyes de la tierra, y los Príncipes se juntáron en uno contra el Señor, y contra su Christo.
27
Porque verdaderamente se ligáron á una en ésta ciudad contra tu Santo Hijo Jesús, al que ungiste, Herodes y Poncio Pilato con los Gentiles, y con los pueblos de Israél,
28
Para hacer lo que tu mano y tu consejo decretáron, que se hiciese.
29
Y ahora, Señor, pon los ojos en sus amenazas, y concede á tus siervos, que con toda libertad hablen tu palabra,
30
Extendiendo tu mano á sanar las enfermedades, y á que se hagan maravillas y prodigios en el nombre de tu Santo Hijo Jesús.
31
Y quando hubiéron orado, tembló el lugar en donde estaban congregados: y fuéron todos llenas de Espíritu Santo, y hablaban la palabra de Dios con firmeza.
32
Y de la muchedumbre de los creyentes el corazón era uno, y el alma una: y ninguno de ellos decía ser suyo propio nada de lo que poseia, sino que todas las cosas les eran comunes.
33
Y con grande fortaleza daban los Apóstoles testimonio de la resurrección de Jesu-Christo nuestro Señor y había mucha gracia en todos ellos.
34
Y no habia ninguno necesitado entre ellos: porque quantos poseían campos ó casas, las vendían, y trahían el precio de lo que vendían,
35
Y lo ponían á los pies de los Apóstoles: y se repartía á cada uno según lo que había menester.
36
Y Joseph, á quien los Apóstoles daban el sobrenombre de Bernabé (que quiere decir hijo de consolación) Levita, natural de Chypre,
37
Como tuviese un campo, lo vendió, y llevó el precio, y púsolo ante los pies de los Apóstoles.
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