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Atos 28

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Atos Hechos Capítulo 28
1
Y estando ya en salvo, supimos que la isla se llamaba Melita. Y los Bárbaros nos tratáron con mucha humanidad.
2
Porque encendiendo una grande hoguera, nos reparáron á todos á causa de la lluvia que estaba encima, y del frio.
3
Y habiendo allegado Pablo una porción de sarmientos, y metiéndolos en el fuego, saltó por el calor una víbora, y le trabó de la mano.
4
Y quando los Bárbaros viéron la bestia colgando de su mano, se decían los unos á los otros: Este hombre ciertamente es un homicida, pues habiendo escapado de la mar, la venganza no le dexa vivir.
5
Mas él sacudió la víbora en el fuego, y no sintió mal ninguno.
6
Pero ellos creían que se iría hinchando, y que caería muerto de repente. Mas después de haber esperado largo rato, quando viérón que no le sobrevenía mal ninguno, mudando de parecer, decían que él era Dios.
7
Y en aquellos lugares había unas tierras del Príncipe de la isla, que se llamaba Publio, el qual nos hospedó en su casa tres días, y nos trató muy bien.
8
Y acaeció que el padre de Publio se hallaba á la sazon en cama afligido de fiebres, y dysenteria. Entró Pablo á verle; y haciendo oración, y poniendo sobre él las manos, lo sanó.
9
Y hecho esto, venían quantos en la isla tenían enfermedades, y quedaban sanos:
10
Los quales asimismo nos hicieron muchas honras, y quando nos embarcamos, nos proveyéron de todo lo necesario.
11
Y después de tres meses entramos en un navío de Alexandría, que había pasado el invierno en la isla, que tenía por divisa á Castor y á Polux.
12
Y como llegamos á Syracusa, nos detuvimos allí tres días:
13
Costeando desde allí fuimos á Rhegio: y teniendo otro día viento meridional, llegamos el segundo á Puzol;
14
Donde hallados algunos hermanos, nos rogáron que estuviésemos en su compañía siete días y en seguida venimos á Roma.
15
Y quando lo oyéron los hermanos, nos salieron á recibir hasta el Foro de Apio, y las tres posadas: y quando los vió Pablo, dió gracias á Dios, y tomó aliento.
16
Y como llegamos á Roma, le permitieron á Pablo estar en casa particular con un Soldado que lo guardase.
17
Y tres días después convocó Pablo á los principales de los Judíos. Y estando juntos, les dixo: Varones hermanos, aunque yo nada he hecho contra el Pueblo, ni contra los ritos paternos, fuí preso en Jerusalém, y entregado en manos de los Romanos:
18
Los quales habiéndose informado de mi, me quisiéron dar por libre, no hallando cosa por la que yo debiese morir.
19
Mas oponiéndose los Judíos, me ví obligado á apelar á César no como que yo tenga de qué acusar á mi nación.
20
Pues por esto os he llamado, para veros y hablaros: porque por la esperanza de Israél estoy rodeado de ésta cadena.
21
Entonces ellos le respondieron: Nosotros ni hemos recibido cartas de la Judéa sobre tí, ni ninguno de los hermanos vino á avisarnos ó decirnos mal ninguno de tí.
22
Mas quisiéramos oír de tí qué es lo que entiendes: pues de ésta secta nos es notorio, que en todas partes se le contradice.
23
Y ellos habiéndole señalado día, vinieron en gran número á él á su aloxamiento, á los quales predicaba dando testimonio del reyno de Dios, y demostraba lo que está dicho de Jesús por la Ley de Moysés, y por los Prophetas, desde la mañana hasta la tarde.
24
Y algunos creían lo que se les decía, y otros no lo creían.
25
Y como no estuviesen entre sí acordes, estaban para retirarse, quando les dixo Pablo ésta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por el Propheta Isaías á nuestros Padres,
26
Diciendo: Vé á ese pueblo, y diles: De oido oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis.
27
Porque se ha embotado el corazón de éste pueblo, y de los oídos oyéron pesadamente, y apretáron sus ojos: porque no vean de los ojos, y oigan de los oidos, y entiendan del corazón, y se conviertan, y los sane.
28
Pues os hago saber á vosotros que á los Gentiles, es enviada esta salud de Dios, y ellos oirán.
29
Y acabando de decir esto, se saliéron de allí los Judíos, teniendo entre sí grande contienda.
30
Y Pablo permaneció dos años enteros en la casa, que tenía alquilada: y recibía á todos los que venían á verle,
31
Predicando el reyno de Dios, y enseñando las cosas que son del Señor Jesu-Christo con toda libertad, sin prohibicion.
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