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Marcos 11

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Marcos Capítulo 11
1
Y quando se acercáron á Jerusalém y á Bethania cerca del monte de las Olivas, envía dos de sus discípulos,
2
Y les dice: Id al lugar que está enfrente de vosotros, y luego que entráreis en él, hallaréis un pollino atado, sobre el que no ha subido aún ningún hombre: desatadlo, y trahedlo.
3
Y si alguno os dixére: ¿Qué hacéis? decid, que el Señor lo ha menester: Y luego os le dexará traher acá.
4
Y fuéron y halláron el pollino atado á la puerta fuera en la encrucijada y lo desatan.
5
Y algunos de los que estaban allí les decían: ¿Qué hacéis desatando el pollino?
6
Ellos les respondiéron como Jesús les había mandado, y se lo dexáron.
7
Y traxéron el pollino á Jesús, y echáron sobre él sus ropas, y se sentó sobre él,
8
Y muchos tendiéron sus vestidos por el camino: y otros cortaban hojas de los árboles, y las tendian por el camino.
9
Y los que iban delante, y los que seguian detrás, daban voces diciendo: Hosanna:
10
Bendito el que viene en el nombre del Señor: Bendito el reyno de nuestro padre David, el qual viene: Hosanna en las alturas
11
Y entró en Jerusalém en el templo: y después de haberlo reconocido todo, como fuese ya tarde, se salió á Bethania con los doce.
12
Y otro día, como saliéron de Bethania, tuvo hambre.
13
Y viendo á lo léjos una higuera que tenia hojas, fué allá por si hallaria alguna cosa en ella, y quando llegó á ella, nada halló sino hojas: porque no era tiempo de higos.
14
Y respondiéndo, le dixo: Nunca mas coma nadie fruto de tí para siempre. Y lo oyéron sus discípulos.
15
Vienen pues á Jerusalém. Y habiendo entrado en el templo, comenzó á echar fuera á los que vendian y compraban en el templo: y trastornó las mesas de los banqueros, y las sillas de los que vendian palomas.
16
Y no consentia que alguno transportase mueble alguno por el templo:
17
Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa, casa de oración será llamada de todas las gentes? Mas vosotros la habeis hecho cueva de ladrones,
18
Quando lo supiéron los Príncipes de los sacerdotes y los Escribas, buscaban cómo quitarle la vida: porque le temian, por quanto todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina.
19
Y quando vino la tarde, se salió de la ciudad.
20
Y al pasar por la mañana, viéron que la higuera se había secado de raíz.
21
Y se acordó Pedro, y le dixo: Maestro, catà ahí la higuera que maldixiste, como se ha secado.
22
Y respondiendo Jesús, les dixo: Tened fé de Dios.
23
En verdad os digo, que qualquiera que dixere á este monte: Levántate, y échate en el mar; y no dudare en su corazón mas creyére que se hará quanto dixére, todo le será hecho.
24
Por tanto os digo, que todas las cosas que pidiéreis orando, creed, que las recibiréis: y os vendrán.
25
Y quando estuviéreis para orar, si tenéis alguna cosa contra alguno, perdonadle: para que vuestro Padre, que está en los Cielos, perdone también vuestros pecados.
26
Porque si vosotros no perdonáreis: tampoco vuestro Padre, que está en los Cielos, os perdonará vuestros pecados.
27
Y volviéron otra vez á Jerusalém. Y andando él por el templo, se llegaron á él los Príncipes de los sacerdotes, y los Escribas y los Ancianos:
28
Y le dixéron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te ha dado esta potestad para hacer esas cosas?
29
Y Jesús les respondió, y dixo: Yo también os haré una pregunta, y respondedme: y os diré, con qué autoridad hago estas cosas.
30
¿El bautismo de Juan era del Cielo, ó de los hombres? Respondedme.
31
Y ellos estaban entre sí pensando, y decían: Si dixéremos, que del Cielo, nos dirá: ¿Por qué no lo creísteis?
32
Si dixéremos, de los hombres, tememos al pueblo. Porque todos estaban persuadidos, que Juan era verdaderamente Propheta.
33
Y respodiéron á Jesús, diciendo: No lo sabemos. Y Jesús les respondió, y dixo: Pues ni yo tampoco os diré, con qué autoridad hago estas cosas.
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