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Marcos 6

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Marcos Capítulo 6
1
Y habiendo salido de allí, se fué á su patria: y le seguian sus discípulos:
2
Y llegado el Sábado comenzó á enseñar en la Synagoga: y muchos que le oían, se maravillaban de su doctrina, diciendo O ¿De dónde vienen á éste todas estas cosas? ¿y qué sabiduría es ésta que le es dada; y tales maravillas, que por sus manos son obradas?
3
¿No es éste el artesano, el hijo de María, hermano de Santiago, y de Joseph, y de Júdas, y de Simón? ¿y sus hermanas no están aquí también con nosotros? y se escandalizaban en él.
4
Y Jesús les decia: No hay Propheta sin honor sino en su patria, y en su casa, y entre sus parientes.
5
Y no podia allí hacer milagro alguno; solamente sanó algunos pocos enfermos poniendo sobre ellos las manos:
6
Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos, y andaba predicando por todas las aldeas del contorno.
7
Y llamó á los doce: y comenzó á enviarlos de dos en dos, y les daba potestad sobre los espíritus inmundos:
8
Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bordon.
9
Mas que calzasen sandalias, y que no vistiesen dos túnicas.
10
Y les decia: En qualquiera parte donde entráreis en una casa, permaneced en ella, hasta que salgáis de allí:
11
Y todos los que no os recibieren, ni os escucharen, al salir de allí sacudid el polvo de vuestros pies, en testimonio á ellos.
12
Y saliendo, predicaban que hiciesen penitencia.
13
Y lanzaban muchos demonios, y ungian con óleo á muchos enfermos, y sanaban.
14
Y llegó esto á noticia del Rey Herodes, porque se habia hecho notorio su nombre, y decia, Juan Bautista ha resucitado de entre los muertos: y por eso virtudes obran en él.
15
Otros decian: Elías es. Y decian otros: Propheta es, como uno de los Prophetas.
16
Quando lo oyó Herodes, dixo: Éste es aquel Juan que yo degollé que ha resucitado de entre los muertos.
17
Porque el mismo Herodes había enviado á prender á Juan, y le había hecho aherrojar en la cárcel á causa de Herodías muger de Philipo su hermano; porque la habia tomado por muger.
18
Porque decia Juan á Herodes: No te es lícito tener la muger de tu hermano.
19
Y Herodías le armaba lazos; y le queria hacer morir, pero no podía.
20
Porque Herodes temía á Juan, sabiendo que era varón justo, y santo: y le tenia á custodia, y por su consejo hacia muchas cosas, y le oia de buena gana.
21
Hasta que últimamente llegó un día favorable, en que Herodes celebraba el día de su nacimiento, dando una cena á los Grandes de su corte, á los Tribunos, y á los principales de la Galiléa.
22
Y habiendo entrado la hija de Herodías, y danzado, y dado gusto á Herodes, y á los que con él estaban á la mesa, dixo el Rey á la mozuela: Pídeme lo que quieras, y te lo daré:
23
Y le juró: Todo lo que me pidieres, te daré, aunque sea la mitad de mi reyno.
24
Y habiendo ella salido, dixo á su madre: ¿Qué pediré? Y ella dixo: La cabeza de Juan el Bautista.
25
Y volviendo luego á entrar apresurada adonde estaba el Rey, pidió diciendo: Quiero que luego al punto me dés en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
26
Y el Rey se entristeció: mas por el juramento, y por los que con él estaban á la mesa, no quiso disgustarla:
27
Mas enviando uno de su guardia, le mandó traher la cabeza de Juan en un plato. Y le degolló en la cárcel.
28
Y traxo su cabeza en un plato: y la dió á la mozuela, y la mozuela la dió á su madre.
29
Y quando sus discípulos lo oyéron, viniéron y tomáron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulchro.
30
Y llegándose los Apóstoles á Jesús, le contáron todo lo que habian hecho, y enseñado.
31
Y les dixo: Venid aparte á un lugar solitario, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban, y venian: y ni aún tiempo para comer tenian.
32
Y entrando en un barco, se retiraron á un lugar desierto y apartado.
33
Y los vieron muchos como se iban, y lo conocieron: y concurriéron allá á pie de todas las ciudades, y llegáron antes que ellos.
34
Y al desembarcar vió Jesús una grande multitud, y tuvo compasión de ellos: porque eran como ovejas que no tienen Pastor, y comenzó á enseñarles muchas cosas.
35
Y como ya fuese ny tarde, se llegáron á él sus discípulos, y le dixéron: Desierto es éste lugar, y la hora es ya pasada:
36
Despídelos, que vayan á las granjas, y aldeas de la comarca á comprar que comer.
37
Y él les respondió, y dixo: Dadles vosotros de comer. Y le dixéron: Irémos á comprar pan por doscientos denarios, y les darémos de comer.
38
Y les dice: ¿Quántos panes teneis? id, y vedlo. Y habiéndolo visto, dicen: Cinco, y dos peces.
39
Y les mandó, que los hiciesen recostar á todos por ranchos sobre la yerba verde.
40
Y se recostaron en ranchos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.
41
Y tomando los cinco panes, y los dos peces, alzando los ojos al Cielo, bendixo, y partió los panes, y los dió á sus discípulos, para que se los pusiesen delante: y repartió entre todos los dos peces.
42
Y comiéron todos, y se hartaron.
43
Y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestos llenos, y de los peces.
44
Y los que comiéron eran cinco mil hombres.
45
Y dió luego priesa á sus discípulos, á que entrasen en el barco, y que fuesen antes que él á Bethsaida á la otra parte del lago, mientras que él despedía al pueblo.
46
Y después que los hubo despedido, se fué al monte á orár.
47
Y como fuese tarde, estaba el barco en medio del mar, y él solo en tierra.
48
Y viéndolos remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, y cerca de la quarta vigilia de la noche, vino á ellos paseando sobre el mar: y queria dexarlos atrás.
49
Mas ellos, quando le vieron andar sobre el mar, pensaron que era phantasma, y comenzáron á gritar.
50
Porque todos le viéron, y se turbáron. Mas luego habló con ellos, y les dixo: Tened buen ánimo, yo soy, no temais.
51
Y subió á ellos al barco, y cesó el viento: y mas se pasmaban en su interior:
52
Porque todavía no habian entendido lo de los panes; por quanto su corazón estaba ofuscado.
53
Y quando estuvieron de la otra parte, fuéron á tierra de Genesareth, y arrimáron.
54
Y en saliendo del barco, luego lo conocieron:
55
Y recorriendo toda aquella comarca, le traian de toda ella los enfermos en sus camillas, luego que oyéron que estaba allí.
56
Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó en granjas, ó en ciudades, ponían los enfermos en las calles, y le rogaban, que permitiese tocar siquiera la orla de su vestido: y cuantos le tocaban quedaban sanos.
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