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Luke 19

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Luke Lucas Chapter 19
1
Y habiendo entrado Jesús, pasaba por Jerichô.
2
Y he aquí un hombre llamado Zachéo: y éste era uno de los principales entre los Publicanos, y rico:
3
Y procuraba ver á Jesús, quién fuese: y no podía por la mucha gente, porque era pequeño de estatura.
4
Y corriendo delante, se subió en un árbol cabrahigo para verle: porque por allí había de pasar.
5
Y quando llegó Jesús á aquel lugar, alzando los ojos, le vió, y le dixo: Zachéo, desciende presto, porque es menester hospedarme hoy en tu casa.
6
Y él descendió apresurado, y le recibió gozoso.
7
Y viendo esto todos, murmuraban, diciendo, que había ido á posar á casa de un pecador.
8
Mas Zachéo, presentándose al Señor, le dixo: Señor, la mitad de quanto tengo doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, le vuelvo quatro tantos mas,
9
Y Jesús le dixo: Hoy ha venido la salud á esta casa: porque él también es hijo de Abraham.
10
Pues el Hijo del hombre vino á buscar, y á salvar lo que había perecido.
11
Oyendo ellos ésto, prosiguió diciéndoles una parábola, con ocasion de estar cerca de Jerusalém: y porque pensaban que luego se manifestaría el reyno de Dios,
12
Dixo pues; Un hombre noble fué á una tierra distante para recibir allí un reyno, y después volverse.
13
Y habiendo llamado á diez de sus siervos, les dió diez minas, y les dixo; Traficad entretanto que vengo.
14
Mas los de su ciudad le aborrecían; y enviando en pos de él una embaxada, le dixéron: No queremos que reyne éste sobre nosotros.
15
Y quando volvió, después de haber recibido el reyno, mandó llamar á aquellos siervos, á quienes había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
16
Llegó pues el primero y dixo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
17
Y le dixo: Está bien, buen siervo: pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.
18
Y vino otro, y dixo; Señor, tu mina ha ganado cinco minas.
19
Y dixo á éste: Tú tenla sobre cinco ciudades.
20
Y vino el tercero, y dixo: Señor, aquí tienes tu mina, la que he tenido guardada en un lienzo.
21
Porque tuve miedo de tí, que eres hombre recio de condición: llevas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembráste.
22
Entónces él le dixo: Mal siervo, por tu propia boca te condeno: Sabías, que yo era hombre recio de condición, que llevo lo que no puse, y siego lo que no sembré:
23
¿Pues por qué no diste mi dinero al banco, para que quando volviese lo tomára con las ganancias?
24
Y dixo á los que estaban allí: Quitadle la mina, y dádsela al que tiene las diez minas.
25
Y ellos le dixéron: Señor, que tiene diez minas.
26
Pues yo os digo, que á todo aquel que tuviere, se le dará, y tendrá mas: mas al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.
27
Y en quanto á aquellos mis enemigos, que no quisiéron que yo reinase sobre ellos, trahedmelos acá, y matadlos delante de mí.
28
Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalém.
29
Y aconteció, que quándo llegó cerca de Bethphage, y de Bethania, al monte que se llama del Olivar, envió dos de sus discípulos,
30
Diciendo: Id á esa aldea, que está en frente: y luego que entráreis en ella, hallaréis un pollino de asna atado, sobre el qual nunca se sentó hombre alguno: desatadlo, y trahedlo.
31
Y si alguno os preguntáre: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.
32
Fuéron pues los que habían sido enviados, y hallaron el pollino, que estaba como les había dicho.
33
Y quando desataban al pollino, le dixéron sus dueños: ¿Por qué desatáis al pollino?
34
Y ellos respondieron: Porque el Señor lo ha menester.
35
Y lo traxéron á Jesús. Y echando sobre el pollino sus ropas, pusieron encima á Jesús.
36
Y yendo él así, tendían sus vestidos por el camino.
37
Y quando se acercó á la baxada del monte del Olivar, todos los discípulos en tropas, llenos de gozo comenzaron á alabar á Dios en alta voz por todas las maravillas, que habían visto,
38
Diciendo: Bendito el Rey, que viene en el nombre del Señor, paz en el Cielo, y gloria en las alturas.
39
Y algunos de los Phariséos, que estaban entre la gente, le dixéron: Maestro, reprehende á tus discípulos.
40
Él les respondió: Os digo, que si estos callaren, las piedras darán voces.
41
Y quando llegó cerca, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo:
42
¡Ah si tu reconocieses siquiera en éste tu día, lo que puede traherte la paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.
43
Porque vendrán días contra tí, en que tus enemigos te cercarán de trincheras, y te pondrán cerco, y te estrecharán por todas partes:
44
Y te derribarán en tierra, y á tus hijos, que están dentro de tí, y no dexarán en tí piedra sobre piedra: por quanto no conociste el tiempo de tu visitación.
45
Y habiendo entrado en el templo comenzó á echar fuera á todos los que vendían, y compraban en él,
46
Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es. Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
47
Y cada día enseñaba en el templo. Mas los Príncipes de los sacerdotes, y los Escribas, y los principales del pueblo le querían matar:
48
Y no sabían qué hacerse con él. Porque todo el pueblo estaba embelesado quando le oía.
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