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Luke 23

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Luke Lucas Chapter 23
1
Y se levantó toda aquella multitud, y lo llevaron á Pilato.
2
Y comenzáron á acusarle diciendo: A éste hemos hallado pervirtiendo á nuestra nación, y vedando dar tributo á César, y diciendo, que él es el Christo Rey.
3
Y Pilato le preguntó y dixo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y él le respondió, diciendo: Tú lo dices.
4
Dixo Pilato á los Príncipes de los sacerdotes, y á la gente: Ningún delito hallo en este hombre.
5
Mas ellos insistían, diciendo: Tiene alborotado el pueblo con la doctrina, que esparce por toda la Judéa, comenzando desde la Galiléa hasta aquí.
6
Pilato que oyó decir Galiléa, preguntó si era de Galiléa.
7
Y quando entendió, que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió á Herodes; el qual á la sazón se hallaba también en Jerusalém.
8
Y Herodes, quando vió á Jesús, se holgó mucho. Porque de largo tiempo le había deseado ver, por haber oído decir de él muchas cosas, y esperaba verle hacer algún milagro.
9
Le hizo pues muchas preguntas. Mas él nada le respondía.
10
Y estaban los Príncipes de los sacerdotes, y los Escribas acusándole con grande instancia.
11
Y Herodes con sus soldados le despreció: y escarneciéndole, le hizo vestir con una ropa blanca, y le volvió á enviar á Pilato.
12
Y aquel día quedáron amigos Herodes y Pilato: porque antes eran enemigos entre sí.
13
Pilato pues llamó á los Príncipes de los sacerdotes, y á los Magistrados, y al pueblo.
14
Y les dixo: Me habéis presentado éste hombre, como pervertidor del pueblo; y ved que preguntándole yo delante de vosotros, no hallé en éste hombre culpa alguna de aquellas, de que le acusáis.
15
Ni Herodes tampoco: porque os remití á él, y he aquí que nada se ha probado, que merezca muerte.
16
Y así le soltaré después de haberlo castigado.
17
Y debía soltarles uno en el día de la fiesta.
18
Y todo el pueblo dió voces á una diciendo: Haz morir á éste, y suéltanos á Barrabás.
19
Este había sido puesto en la cárcel por cierta sedición acaecida en la ciudad, y por un homicidio.
20
Y Pilato les habló de nuevo, queriendo soltar á Jesús.
21
Mas ellos volvian á dar voces diciendo: Crucifícale, Crucifícale.
22
Y él tercera vez les dixo: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Yo no hallo en él ninguna causa de muerte; le castigaré pues, y lo soltaré.
23
Mas ellos insistían pidiendo á grandes voces, que fuese crucificado, y crecían mas sus voces.
24
Y Pilato juzgó, que se hiciera lo que ellos pedían.
25
Y les soltó al que por sedición, y homicidio había sido puesto en la cárcel, al qual habían pedido; y entregó á Jesús á la voluntad de ellos.
26
Y quando lo lleváron, tomáron un hombre de Cyréne, llamado Simón, que venía de una granja; y le cargáron la cruz, para que la llevase en pos de Jesús.
27
Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mugeres, las quales lo plañían, y lloraban.
28
Mas Jesús, volviéndose hacia ellas, les dixo: Hijas de Jerusalém, no lloréis sobre mí; antes llorad sobre vosotras mismas, y sobre vuestros hijos.
29
Porque vendrán días, en que dirán; Bienaventuradas las estériles, y los vientres, que no concibiéron, y los pechos que no diéron de mamar.
30
Entónces comenzarán á decir á los montes; Caed sobre nosotros; y á los collados: Cubridnos.
31
Porque si en árbol verde hacen esto, ¿en el seco, qué se hará?
32
Y llevaban también con él otros dos, que eran malhechores, para hacerlos morir.
33
Y quando llegáron al lugar, que se llama de la Calavéra, le crucificáron allí; y á los ladrones, uno á la derecha, y otro á la izquierda.
34
Mas Jesús decía: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen. Y dividiendo sus vestidos, echáron suertes.
35
Y el pueblo estaba mirando, y los Príncipes juntamente con él, le denostaban, y decían: A otros hizo salvos, sálvese á sí mismo, si éste es el Christo, el escogido de Dios.
36
Le escarnecían también los soldados, acercándose á él, y presentándole vinagre,
37
Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á tí mismo.
38
Y habia también sobre él un título escrito en letras Griegas, Latinas y Hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.
39
Y uno de aquellos ladrones, que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tu eres el Christo, sálvate á tí mismo, y á nosotros.
40
Mas el otro respondiendo, le reprehendió, diciendo: Ni aún tú temes á Dios, estando en el mismo suplicio.
41
Y nosotros en verdad por nuestra culpa, porque recibimos lo que merecen nuestras obras; mas éste ningún mal ha hecho.
42
Y decía á Jesús; Señor, acuérdate de mí quando vinieres á tu reyno.
43
Y Jesús le dixo; En verdad te digo, que hoy serás conmigo en el Paraíso.
44
Y era ya casi la hora de sexta, y toda la tierra se cubrió de tinieblas hasta la hora de nona.
45
Y se oscureció el Sol; y el velo del templo se rasgó por medio.
46
Y Jesús, dando una grande voz, dixo: Padre: en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto, expiró.
47
Y quando vió el Centurion lo que había acontecido, glorificó á Dios, diciendo: Verdaderamente éste hombre era justo.
48
Y todo el gentío, que asistía á éste espectáculo, y veía lo que pasaba, se volvía, dándose golpes en los pechos.
49
Y todos los conocidos de Jesús, y las mugeres que le habían seguido de Galiléa, estaban de lejos mirando éstas cosas.
50
Y he aquí un varón llamado Joseph, el qual era Senador, varón bueno y justo:
51
Que no había consentido en el consejo, ni en los hechos de ellos, de Arimathéa, ciudad de la Judéa, el qual esperaba también el reyno de Dios.
52
Este llegó á Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús.
53
Y habiéndole quitado, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulchro labrado en una peña, en el qual ninguno hasta entónces habia sido puesto.
54
Y era el día de Parascéve, y ya rayaba el Sábado,
55
Y viniendo también las mugeres que habían seguido á Jesús desde Galiléa, viéron el sepulchro, y cómo fué depositado su cuerpo.
56
Y volviéndose, preparáron aromas y unguentos; y reposáron el Sábado conforme al mandamiento.
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