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Matthew 26

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Matthew Mateo Chapter 26
1
Y aconteció que quando hubo Jesús acabado todos estos razonamientos, dixo á sus discípulos:
2
Sabeis que de aquí á dos días será la Pascua, y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado.
3
Entonces se juntáron los Príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del pueblo en el atrio del Príncipe de los sacerdotes, que se llamaba Caiphás:
4
Y tuviéron consejo para prender á Jesús con engaño, y hacerle morir.
5
Mas decian: No en el día de la fiesta, porque acaso no sucediese alboroto en el pueblo.
6
Y estando Jesús en Bethánia en casa de Simón el leproso,
7
Se llegó á él una muger que traía un vaso de alabastro de unguento precioso, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando recostado á la mesa.
8
Y quando lo viéron sus discípulos, se indignáron diciendo: ¿A qué fin éste desperdicio?
9
Porque podia esto venderse en mucho precio, y darse á los pobres.
10
Mas entendiéndolo Jesús, les dixo: ¿Por qué sois molestos á ésta muger? pues ha hecho conmigo una buena otra.
11
Porque siempre teneis pobres con vosotros: mas á mi no siempre me tenéis.
12
Porque derramando ésta éste unguento sobre mi cuerpo, para sepultarme lo hizo.
13
En verdad os digo, que en todo lugar, donde fuere predicado éste Evangelio en todo el mundo, se contará también, lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
14
Entonces se fué uno de los doce, llamado Júdas Iscariotes á los Príncipes de los sacerdotes:
15
Y les dixo: ¿Qué me queréis dar, y yo os le entregaré? Y ellos le señalaron treinta monedas de plata;
16
Y desde entónces buscaba oportunidad para entregarlo.
17
Y el primer día de los ázymos se llegaron los discípulos á Jesús, y le dixéron: ¿En dónde quieres, que dispongamos para que comas la Pascua?
18
Y dixo Jesús: id á la ciudad á casa de cierta persona, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa hago la Pascua con mis discípulos.
19
Y los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y dispusieron la Pascua.
20
Y quando vino la tarde, se sentó á la mesa con sus doce discípulos.
21
Y quando ellos estaban comiendo, dixo: En verdad os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.
22
Y ellos muy llenos de tristeza, cada uno comenzó á decir: ¿Por ventura soy yo, Señor?
23
Y él respondió y dixo: El que méte conmigo la mano en el plato, ese es el que me entregará.
24
El Hijo del hombre va ciertamente, como está escrito de él: pero ay de aquel hombre por quien será entregado el Hijo del hombre: mas le valiéra á aquel hombre no haber nacido.
25
Y respondiendo Júdas, que lo entregó, dixo: ¿Soy yo por ventura, Maestro? Dícele: Tú lo has dicho.
26
Y cenando ellos, tomó Jesús el pan, y lo bendixo, y lo partió, y lo dió á sus discípulos, diciendo: Tomad, y comed: éste es mi cuerpo.
27
Y tomando el cáliz, dió gracias, y se les dió, diciendo: Bebed de éste todos.
28
Porque ésta es mi sangre del nuevo Testamento, que será derramada por muchos para remisión de pecados.
29
Y digoos, que desde hoy mas no beberé de éste fruto de vid, hasta aquel día, quando le beba nuevo con vosotros en el reyno de mi Padre.
30
Y dicho el hymno, salieron al monte del Olivar,
31
Entónces Jesús les dixo: Todos vosotros padeceréis escándalo en mí ésta noche, porque escrito está: Heriré al Pastor, y se descarriarán las ovejas del rebaño.
32
Mas después que resucitáre, iré delante de vosotros á la Galiléa.
33
Respondió Pedro, y le dixo: Aunque todos se escandalizáren en tí, yo nunca me escandalizaré.
34
Jesús le dixo: En verdad te digo, que ésta noche antes que cante el gallo, me negarás tres veces.
35
Pedro le dixo: Aunque sea menester morir yo contigo, no te negaré. Y todos los otros discípulos dixéron lo mismo.
36
Entónces fué Jesús con ellos á una granja, llamada Gethsemaní, y dixo á sus discípulos: Sentáos aquí, mientras yo voy allí, y hago oración.
37
Y tomando consigo á Pedro, y á los dos hijos de Zebedéo, empezó á entristecerse y angustiarse.
38
Y entonces les dixo: Triste está mi alma hasta la muerte: esperad aquí, y velad conmigo.
39
Y habiendo dado algunos pasos, se postró sobre su rostro, é hizo oración, y dixo: Padre mio, si es posible, páse de mí éste cáliz mas no como yo quiero, sino como tú.
40
Y vino á sus discípulos, y los halló dormidos, y dixo á Pedro: ¿Así, no habéis podido velar una hora conmigo?
41
Velad, y orad para que no entréis en tentación. El espíritu en verdad pronto está, mas la carne enferma.
42
Se fué de nuevo segunda vez, y oró, diciendo: Padre mio, sino puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
43
Y vino otra vez, y los halló dormidos, porque estaban cargados los ojos de ellos.
44
Y los dexó, y de nuevo fué á orar tercera vez, diciendo las mismas palabras.
45
Entónces vino á sus discípulos, y les dixo: Dormid ya, y reposad: ved aquí llegada la hora, y el Hijo del hombre será entregado en mano de pecadores.
46
Levantáos, vamos: ved, que ha llegado el que me entregará.
47
Y estando él aún hablando, he aquí llegó Júdas uno de los doce, y con él una grande tropa de gente con espadas, y con palos, que habian enviado los Príncipes de los sacerdotes, y los Ancianos del pueblo.
48
Y el que lo entregó, les dió señal, diciendo: El que yo besare, él mismo es, prendedlo.
49
Y se llegó luego á Jesús, y dixo: Dios te guarde, Maestro. Y lo besó.
50
Y Jesús le dixo: ¿Amigo, á qué has venido? Al mismo tiempo llegáron, y echáron mano de Jesús, y le prendiéron.
51
Y uno de los que estaban con Jesús, alargando la mano, sacó su espada, y hiriendo á un siervo del Pontífice, le cortó la oreja.
52
Entonces le dixo Jesús: Vuelve tu espada á su lugar, porque todos los que tomáren espada, á espada morirán.
53
¿Por ventura piensas, que no puedo rogar á mi Padre, y me dará ahora mismo mas de doce legiones de Angeles?
54
¿Pues cómo se cumplirán las Escrituras, de que así conviene que se haga?
55
En aquella hora dixo Jesús á aquel tropel de gente: Como á ladrón habeis salido con espadas y con palos á prenderme: cada día estaba sentado en el templo con vosotros enseñando, y no me prendísteis.
56
Mas ésto todo fué hecho, para que se cumpliesen las Escrituras de los Prophetas. Entónces le desampararon todos los discípulos, y huyéron.
57
Mas los que tenian preso á Jesús, le llevaron á casa de Caiphás el Príncipe de los sacerdotes, en donde se habian juntado los Escribas y los Ancianos.
58
Y Pedro le seguia de lejos hasta el palacio del Príncipe de los sacerdotes. Y habiendo entrado dentro, se estaba sentado con los sirvientes, para ver el fin.
59
Mas los Príncipes de los sacerdotes, y todo el Concilio buscaban algún falso testimonio contra Jesús, para entregarle á la muerte.
60
Y no le halláron, aunque se habían presentado muchos falsos testigos. Mas por último llegáron dos testigos falsos,
61
Y dixéron: Éste dixo: Puedo destruir el templo de Dios y reedificarlo en tres días.
62
Y levantándose el Príncipe de los sacerdotes le dixo: ¿No respondes nada á lo que éstos deponen contra tí?
63
Y Jesús callaba. Y el Príncipe de los sacerdotes le dixo: Te conjúro por el Dios vivo, que nos digas, si tú eres el Christo el Hijo de Dios.
64
Jesús le dice: Tú lo has dicho; y aún os digo, que veréis desde aquí á poco al Hijo del hombre sentado á la derecha de la virtud de Dios, y venir en las nubes del cielo.
65
Entonces el Príncipe de los sacerdotes rasgó sus vestiduras y dixo: Ha blasphemado. ¿Que necesidad tenemos ya de testigos? He aquí ahora acabais de oir la blasphemia:
66
¿Qué os parece? Y ellos respondiendo, dixéron: Reo es de muerte.
67
Entonces le escupiéron en la cara, y le maltratáron á puñadas, y otros le diéron bofetadas en el rostro,
68
Diciendo; Adivínanos, Christo, ¿quién es el que te ha herido?
69
Pedro entre tanto estaba sentado fuera en el átrio; y se llegó á él una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el Galiléo.
70
Mas él lo negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
71
Y saliendo él á la puerta, le vió otra criada, y dixo á los que estaban allí: Este estaba también con Jesús Nazareno.
72
Y negó otra vez con juramento, diciendo: No conozco tal hombre.
73
Y de allí á poco se acercáron los que estaban allí, y dixéron á Pedro: Seguramente tú también eres de ellos: porque aún tu habla te da bien á conocer.
74
Entonces comenzó á hacer imprecaciones, y á jurar que no conocía á tal hombre; Y cantó luego el gallo.
75
Y Pedro se acordó de la palabra, que le habia dicho Jesús: Antes que cánte el gallo, me negarás tres veces. Y habiendo salido fuera, lloró amargamente.
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