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Matthew 9

Nuevo Testamento de Felipe Scio de San Miguel

Matthew Mateo Chapter 9
1
Y entrando en un barco, pasó á la otra ribera, y fué á su ciudad.
2
Y he aquí le presentáron un paralytico postrado en un lecho. Y viendo Jesús la fé de ellos, dixo al paralytico: Hijo, ten confianza, que perdonados te son tus pecados.
3
Y luego algunos de los Escribas dixéron dentro de sí: Este blasfema.
4
Y como viese Jesús los pensamientos de ellos, dixo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
5
¿Qué cosa es mas fácil, decir: Perdonados te son tus pecados ó decir: Levántate, y anda?
6
Pues para que sepáis, que el Hijo del hombre tiene potestad sobre la tierra de perdonar pecados, dixo entonces al paralytico, Levántate, toma tu lecho, y vete á tu casa.
7
Y levantóse, y fuese á su casa.
8
Y quando esto viéron las gentes, temiéron, y loáron á Dios, que dió tal potestad á los hombres.
9
Y pasando Jesús de allí, vió á un hombre que estaba sentado al Banco, llamado Mathéo, y le dixo: Sígueme. Y levantándose le siguió.
10
Y acaeció que estando Jesús sentado á la mesa en la casa, vinieron muchos Publicanos y pecadores, y se sentaron á comer con él, y con sus discípulos.
11
Y viendo esto los Phariséos, decían á sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los Publicanos y pecadores?
12
Y oyéndolo Jesús, dixo: Los sanos no tienen necesidad de Médico, sino los enfermos.
13
Id pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio, porque no he venido á llamar justos, sino pecadores.
14
A ésta sazón se llegáron á él los discípulos de Juan, y le dixéron: ¿Por qué nosotros y los Phariséos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
15
Y Jesús les dixo: ¿Por ventura pueden estar tristes los hijos del esposo, mientras que está con ellos el esposo? Mas vendrán días, en que les será quitado el esposo y entonces ayunarán.
16
Y ninguno echa remiendo de paño recio en vestido viejo: porque se lleva quanto alcanza del vestido, y se hace peor la rotura.
17
Ni echan vino nuevo en odres viejos. De otra manera, se rompen los odres, y se vierte el vino, y se pierden los odres. Mas echan vino nuevo en odres nuevos, y así se conserva lo uno y lo otro.
18
Diciéndoles él éstas cosas, he aquí un príncipe se llegó á él, y le adoró, diciendo: Señor, ahora acaba de morir mi hija: mas ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá.
19
Y levantándose Jesús, le fué siguiendo con sus discípulos.
20
Y he aqui una muger, que padecía fluxo de sangre doce años había, y llegándose por detrás, tocó la orla de su vestido.
21
Porque decía dentro de sí: Si tocáre tan solamente su vestido, seré sana.
22
Y volviéndose Jesús, y viéndola, dixo: Tén confianza, hija, tu fé te ha sanado. Y quedó sana la muger desde aquella hora.
23
Y quando vino Jesús á la casa de aquel Príncipe, y vió los tañedores de flautas, y una tropa de gente, que hacía ruido, dixo:
24
Retiráos; pues la muchacha no es muerta, sino que duerme. Y se mofaban de él.
25
Y quando fué echada fuera la gente, entró, y la tomó por la mano. Y se levantó la muchacha.
26
Y corrió ésta fama por toda aquella tierra.
27
Y pasando Jesús de aquel lugar, le siguiéron dos ciegos gritando, diciendo: Tén misericordia de nosotros, hijo de David.
28
Y llegado á la casa, viniéron á él los ciegos. Y les dice Jesús: ¿Creéis, que puedo hacer esto á vosotros? Ellos dixéron: Sí Señor.
29
Entónces tocó sus ojos, diciendo: Según vuestra fé os sea hecho.
30
Y fuéron abiertos sus ojos: y Jesús les amenazó diciendo: Mirad, que nadie lo sepa.
31
Mas ellos, saliendo de allí, lo publicáron por toda aquella tierra.
32
Y luego que saliéron, le presentaron un hombre mudo, poseído del demonio.
33
Y quando hubo lanzado el demonio, hablo el mudo, y maravilladas las gentes, decían: Nunca se vió tal cosa en Israél.
34
Mas los Phariséos decían: En virtud del príncipe de los demonios lanza los demonios.
35
Y rodeaba Jesús por todas las ciudades, y villas, enseñando en las synagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reyno, y sanando toda dolencia, y toda enfermedad.
36
Y quando vió aquellas gentes, se compadeció de ellas: porque estaban fatigadas y decaídas, como ovejas, que no tienen pastor.
37
Entónces dice á sus discípulos: La mies verdaderamente es mucha, mas los obreros pocos.
38
Rogad pues al Señor de la mies, que envíe trabajadores á su mies.
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